¿Cuántas horas tengo que correr para saber correr?

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cuantas horas hay que correr para saber correr
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Antes de contestar a la pregunta del título, aunque ya os adelanto que son muchas, hay una breve historia detrás de este post:

Escritura, calvario, enterramiento y resurrección de un post.

En diciembre de 2013, cuando este blog empezaba a dar sus primeros tropiezos, se me ocurrió un idea “genial” sobre la que escribir: relacionar la errónea y mitificada teoría de las 10.000 horas para dominar una disciplina y el hecho de correr. Al principio, durante los primeros segundos, siempre parecen geniales todas las ideas y en aquellos comienzos aún creía que lo más importante eran las ideas.

Empecé a esbozarlo, incluyendo algo de humor, no siempre del bueno, algún que otro enlace a otras webs que también hablaban sobre la teoría y referencias a libros de autores que trataban el tema de llegar a la excelencia a través de la práctica. Todo presagiaba el alumbramiento de un  post  “redondo”, hasta que en una de las búsquedas de google vi un artículo de otro (ex)bloguero-runner de “prestigio” que titulaba el suyo de forma similar. El error que cometí en ese momento fue leerlo. Ahí descubrí la misma idea, relacionar la cifra de las 10.000 horas y correr, y encima utilizando algunas frases lapidarias como: “si quieres triunfar en el Running debes elegir bien a tus padres”.

Fue uno de los primeros toques de atención (y no el último) como bloguero principiante:  si escribes sobre cualquier otra cosa, pocas veces dirás algo que no haya contado en profundidad o de soslayo algún otro (o @Sosakurunner si se trata de temas runneriles).  Descarté inmediatamente la idea de publicarlo y lo he dejado en “barbecho” durante años, con la esperanza de poder incluir alguna rima o chiste picantón que por lo menos pudiera competir con la prosa de Sosaku. No es que me hundiera en la más profunda miseria bloguera, pero en ese momento sí que pensé que no iba a ser tan fácil escribir “cosas” interesantes y originales, aunque también me dejó claro que nunca tengo que leer algo similar a lo que quiero escribir cuando ya lo tenga casi acabado. Si lo hago, lo más probable es que piense que lo mío es peor, insustancial o una copia vulgar.

Han pasado varios años y ese artículo ha seguido en borradores con alguna que otra modificación en un intento de salvarlo. Tanto tiempo ha pasado, que hasta Sosaku salió de twitter y, lo que para mi es peor, cerró su blog. Cientos de artículos borrados con los que  se va parte de la “infancia” de muchos corredores que empezamos a darle a la zapatilla leyendo las aventuras de otros corredores mucho más experimentados.

El paso de los años, junto a mi afición por dar la “turra” con relojes gps de todo tipo, han hecho casi nulas las probabilidades de que éste post viera por fin la luz. Lo he intentado cada cierto tiempo, cambiando frases o añadiendo este prólogo, aunque parece más un obituario de ilustres blogueros. Tenía la esperanza de darle un nuevo enfoque, pero casi siempre, lo único que he conseguí fue emborronar la idea original más que aportar una intrahistoria interesante. Además, mi relación con el mundo del running ha cambiado mucho desde 2013. Demasiadas lesiones y algún que otro encontronazo con la realidad mercantil del running han hecho que ya no busque tanto ser un mejor corredor. Me conformo con el simple hecho de poder correr. Conformismo, quizás sí, pero tengo demasiadas cosas en las que mejorar como para centrarme sólo en mejorar como corredor.

– Ya, mucho rollo y todo lo que quieras, pero si estamos leyendo ahora esto, es porque finalmente lo has publicado- Pensamiento aleatorio de un lector cualquiera al que el prólogo se le está haciendo un pelín pesado.

Sí. Y la verdad es que no tiene mucho sentido que ahora se publique. Tengo en la mesa una lista interminable de artículos pendientes de escribir y éste no aparece ni por asomo en ella. “Procrastinar” lo llaman ahora, “entretenerse con una mosca” lo llamaba mi madre. En todo caso, aquí lo tenéis. Haced como si lo leyerais en 2013, para poneros en situación, fue el año en el que el Barça fichó a Neymar por “muy poco” dinero y cerró “Canal 9”, la mítica del “a guanyar diners”. Espero que tanta edición no lo haya destrozado por completo.

El post de las 10.000 horas (2013).

Lo bueno de empezar con un blog es que te sobran ideas sobre las que escribir. Lo malo es que no sabes escribir. Y lo peor de todo es que no te lee nadie, aunque esto último se convierte en menos malo porque al menos no son muchos los se dan cuenta que no sabes escribir.

Muchas ideas pero no siempre acabadas. Algunos artículos acaban como borradores donde sólamente hay un frase y otros los voy dejando a un lado por pura pereza o por darme cuenta que ya han escrito sobre ello (y mucho mejor de lo que yo lo haría). Aunque de vez en cuando hay ideas y artículos que reviven milagrosamente tras leer algo en twitter:

Que mencionase la repetición como elemento clave para mejorar me hizo recordar la teoría que dice que para dominar completamente una temática necesitas “sólamente” 10.000 horas de práctica. Esta teoría ha sido analizada en campos tan diversos como el ajedrez, el tenis o la composición musical. Al famoso fotógrafo Henri Cartier-Bresson se le atribuye la frase: “Tus primeras 10,000 fotografías son las peores”. Más que el número concreto, me parece muy interesante el concepto de “la repetición y la práctica” como herramienta imprescindible para el aprendizaje. La perseverancia, casi siempre a edades tempranas, como instrumento imprescindible para dominar por completo una temática concreta.

Por otra parte, aunque asumamos que la repetición y la constancia son claves para dominar una materia, la ciencia (o simplemente mirar a nuestro alrededor) nos ha demostrado que siempre habrá un porcentaje de personas que podrá dominar una materia más fácilmente que otros (o que otras materias), como también hay un porcentaje mucho más reducido que lo hará de forma innata, sin necesidad de acompañar ese aprendizaje de la perseverancia tan necesaria para el resto.

Si trasladamos el número mágico “10.000” al mundo del “running”, la primera dificultad que tendremos será definir qué es saber correr. ¿Correr muy rápido? ¿Correr mucho tiempo? ¿Correr mucho tiempo muy rápido? O más bien algo difuso como: correr durante un tiempo determinado a un ritmo exigente, sin llegar a la “extenuación”, y poder repetirlo diariamente durante un tiempo indefinido sin que el cuerpo se resienta. Demasiado difícil y ambigua. Quizás más que una definición universal, cada uno tendrá su propio concepto de saber correr. Sin duda, mi ideal en cuanto a dominar el acto de correr sería poder hacerlo más allá de los 70 años, todos los días, y al menos una hora (hablo de correr). 

Volviendo a los números, 10.000 horas de entrenamiento, dedicándole 2 horas de entrenamiento 5 días a la semana, supondrá un tiempo más que razonable de 9-10 años, suficiente para sacar a relucir el atleta que llevamos dentro. Sobre todo si  empezamos sobre los 6-8 años. Con esa edad es muy probable que tras tantas horas de entrenamiento, si no lo aborrecemos, sobre los 16 años dominemos el deporte, instrumento musical o idioma al que le hemos dedicado tanta constancia. No estoy diciendo que ya seamos el mejor del mundo, casi todos los deportes tienen un factor genético muy importante, pero por mi experiencia en otros deportes, si alguien dedica parte de su infancia y toda su adolescencia a una materia concreta, acaba siendo bueno en esa materia.

Si aplicó el criterio anterior a mi vida como corredor, las cuentas no me salen tan claras. He corrido más de 2/3 de ese tiempo y no estoy ni mucho menos cerca de saber correr. Uno de los condicionantes puede que sea el hecho de que no he empezado a correr desde pequeño ni tengo la genética idónea para ello. Otro factor determinante es el de la falta de continuidad, que no falta de constancia. A diferencia de otras materias, donde lo aprendido no se olvida con tanta facilidad, el cuerpo (al menos el mío) sufre una especie de amnesia profunda tras cada lesión. De hecho, no me extrañaría que volviera a cero el contador de horas necesarias cada vez que salgo de una lesión importante. Es decir, soy un ejemplo vivo de que se puede dedicar más de 10.000 horas a algo y no dominarlo por completo, o quizás que no es tan simple como sumar horas. Otro ejemplo lo podéis encontrar en el estudio de idiomas, personas que invierten años y años estudiando un idioma, para no dominarlo, ni llegar a acercarse a ello.

10.000 horas, kilómetros, fotos, posts, dibujos, páginas de un libro, …, al final el esfuerzo y la dedicación no es garantía para dominar un tema. Constancia, dedicación, método, genética, predisposición cerebral, entorno, …, y otros muchos factores pueden acortar o alargar el tiempo que necesitamos para alcanzar esa excelencia. Demasiadas horas para no ser consciente de que lo importante está en el camino, en cómo y por qué estoy aprendiendo algo. De qué cojones me sirve saber correr o tocar el violín si realmente odio cada una de las zancadas que doy o no soporto el sonido a “gato estrangulado” de los violines. Disfrutar aprendiendo y ensayando, ya sea reeditando un post de hace 4 años o haciendo series de mil #aputotope. Son muchas las horas practicando entre la incertidumbre de no saber si llegaremos a alcanzar nuestro propósito como para hacerlo sin disfrutar de ello o por un camino sin paisajes en los que entretenerse.

En este otro artículo podéis leer más sobre el tema de la perseverancia y la repetición para dominar una materia concreta y en el libro “Fuera de serie (Outliers)” de Malcolm Gladwell se analizan estos conceptos utilizando como herramienta a personajes que han rozado la excelencia (Bill Gates o los Beatles).

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