Un cuento de Navidad: El menú de Nochebuena

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Este post va a ser corto ya que lo sustancial del mismo lo escribí hace algún tiempo. La tienda de deportes 400metros y el programa de radio A Tu rimo, del que ya os hablé en el post sobre podcast para correr, organizaron hace unos meses un concurso de relatos de navidad con muy pocas reglas: un límite de 400 palabras y que el tema tuviera alguna relación con la navidad y correr.

400Metros_AtuRitmo

En esas fechas más o menos estaba empezando a escribir en este blog, por lo que no me pareció mala idea participar, si al final el cuento no les gustaba siempre podría publicarlo aquí en navidad, no es que me salgan los post como “churros” para desperdiciar casi 400 palabras, de hecho estoy buscando las redacciones que me mandaban en la EGB para empezar a publicarlas.

Igual que  os conté que la colaboración con La Bolsa del corredor me hizo ilusión, imaginad cuanta me hizo escuchar el miércoles pasado el programa de “A tu Ritmo” y ver que mi relato estaba entre los 10 finalistas, fue como si volviera a tener 10 años y  ganar un concurso escolar a nivel nacional (esto nunca pasó).

Desde aquí solo quería dejar el enlace donde podéis leer y/o escuchar los 10 relatos finalistas y de paso desear que estos días de fiesta lo paséis muy bien o al menos que comáis mucho dulce sin remordimientos, que ya habrá tiempo de quemarlo!

Actualización: Finalmente (y sorprendentemente) el relato ha recibido el premio del jurado!! Podéis escuchar el programa del 12 de enero donde se desvela quienes fueron los dos ganadores (público y jurado) en el siguiente enlace. (no funciona)

Aprovecho para agradecer a la tienda 400metros y al programa “A tu Ritmo” que realicen iniciativas de ese tipo y, una vez finalizado el concurso, actualizo el post añadiendo finalmente el relato que presenté al concurso:

El menú de Nochebuena.

Y así fue como, durante su tirada larga dominical, Andrés decidió que mataría a su vecino del quinto, perdón, creo que he destripado el final del cuento, bueno da igual, empezaremos por el principio.

Andrés era un corredor popular del montón pero muy informado, ya que cada mes se leía todas las revistas de “running” del kiosco y era fiel seguidor de todos los blogueros de moda de este mundillo.

Todos los años, en épocas pre-navideñas, se obsesionaba con no perder ningún entrenamiento y, sobre todo, no aumentar de peso, perdiendo siempre la batalla contra su famoso archienemigo: “las comidas de navidad”.

Ya tenemos al protagonista del cuento, un corredor que vive con miedo a no seguir su plan de entrenamiento y como dice Yoda: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro”.

A una semana de Nochebuena, Andrés seguía pensando como aligerar las comidas navideñas mientras perdía el tiempo en un concurrido foro de corredores comentando la salida del último Garmin, pero algo llamo su atención, junto a un anuncio brillante de “Alarga tu zancada” encontró un post que decía “La comida que te hará correr más rápido”, una señal divina pensó. En resumen, el artículo decía que para correr rápido había que comer carne de animales rápidos: liebre, potros, ciervo, etc. y aportaba referencias a estudios de una Universidad del Congo sobre la dieta de los guepardos.

Pasaron los días mientras cavilaba como pasar del típico pavo navideño a estofado de ciervo o al conejo al ajillo. En esos pensamientos estaba inmerso durante su tirada “larga y lenta”, tal y como indicaba su penúltimo plan de entrenamiento “maratón sub-10h”, cuando se cruzo con su vecino, también corredor popular. Éste le dijo con una media sonrisa: no te preocupes, que aflojo el ritmo y vamos juntos charlando. Lo de aflojar era un decir, porque los siguientes kilómetros fueron un calvario para Andrés, casi sin poder respirar y escuchando el “Postureo Runner” de su vecino. Casi acabando, su vecino le preguntó por la próxima San Silvestre, diciendo que él la correría, pero que estaba en muy mala forma, casi lesionado.

«Pedazo de “Runner de mierda”, lo mismo me dijiste el año pasado y me sacaste 20 minutos en solo 7 km», pensó Andrés a la misma vez que vislumbraba por fin cual sería la carne que añadiría al menú de Nochebuena.

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