No deberías estar entre la élite del deporte.

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Carolina Marín no debería ser campeona del mundo y mucho menos oro olímpica. España no tiene tradición en bádminton, el presupuesto de la federación era y es escaso comparado con el de las superpotencias de ese deporte y tampoco teníamos grandes entrenadores laureados con éxitos internacionales. No es coherente y rompe todas las tradiciones y estadísticas deportivas, pero sucedió. Una mezcla habitualmente rara e inestable de determinación, talento, esfuerzo y, sobretodo, ansia competitiva, ha hecho de algunos deportistas un especie de “rara avis” que puede romper cualquier estadística en contra que le pongamos sobre la mesa: 7.500 licencias de bádminton en España frente a las 325.000 de Indonesia o las 104.000 que tenemos en Judo en este país.

Carolina Marín no es el único error en Matrix que hemos tenido en España. Muy de vez en cuando un deporte minoritario recibe un regalo inesperado, un joven tocado con una “varita” que consigue romper la barrera que se sitúa entre ser una “joven promesa” y llegar a ser top mundial. Un regalo, pero no por los éxitos individuales que consigue ese deportista, sino porque permite soñar al resto con seguir sus mismos pasos.

Pero no todos estos pioneros salen a la luz, o no al menos con la misma luminosidad (ni recompensa) que recibe cualquier futbolista de segunda, división o talento, lo que prefiráis. Muchos me diréis que sí que conocéis a Carolina Marín o a otros como a Kilian Jornet o Mireia Belmonte, también números uno del mundo. Pero aún así, podríamos contar con los dedos de las manos las veces que aparecen en la sección de deportes de los telediarios. Normalmente cuando ganan un campeonato importante, cuando hay algún escándalo que les pueda salpicar, aunque sea de lejos, o por una opinión sacada de contexto sobre cualquier tema candente (política, normalmente). Por suerte tenemos más de un pionero deportivo, creo que va en nuestra idiosincrasia como país, grandes individualidades nacidas del páramo más yermo. Quizás no todos sean el número uno mundial de su deporte, pero están cerca, codeándose con los top mundiales en deportes con bastante repercusión en otros países: taekwondo, trial, ciclismo en pista, …

Programas como “Informe Robinson” recuperan habitualmente muchas de estas historias en forma de magníficos reportajes. Hoy os quería traer el último que acaban de publicar sobre otro campeón silencioso, Borja Golán, un jugador de squash que tampoco debería estar entre la élite de ese deporte.

No nos olvidemos que todos los deportes necesitan un faro, una estrella, alguien que haya derrotado, aunque sea una sola vez, a Goliat siendo David. Es muy jodido encontrar una aguja en un pajar, pero una vez la encuentras, la esperanza de que haya otra se multiplica. Tener un espejo en el que poder mirar y soñar con éxitos deportivos, un futuro complicado e improbable, pero ya no imposible.

Espero que la historia que nos ha contado Informe Robinson y este post, además de servir de homenaje a todos los deportistas que han llegado a una cima que no estaba pensada para ellos, y a los muchos que antes abrieron camino sin alcanzarla, sirva también para reflexionar sobre lo pronto que nos adueñamos de los éxitos individuales y lo poco que aportamos como espectadores o amantes del deporte para que esos logros no sean siempre algo inexplicable.

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