Empezar a nadar sin tragar mucha agua

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Escribir en la sección de Gadgets del corredor me ha obligado a tomarme en serio mi faceta de nadador.  En principio me he marcado tres objetivos, a corto, medio y largo plazo:

  • Corto plazo: No ahogarme durante las pruebas.
  • Medio plazo: Cada vez tragar menos agua.
  • Largo plazo: El bañador “turbo” o “marca-paquetes” se pospone de forma indefinida o hasta que mi mujer me de autorización.

Nadar ha sido junto a: “mejorar mi inglés” uno de los propósitos que he incumplido año tras año. O no llego a empezar o abandono a primeras de cambio, por lo que al final siempre acabo nadando únicamente en verano. Todos los años empiezo a chapotear con mucho esfuerzo y cuando se atisba un mínimo progreso, en metros, que no en técnica, lo dejo hasta el año siguiente.  En resumen, tengo el mismo nivel de natación desde que recuerdo. Este año he decido que la mejor manera de no ahogarme mientras pruebo los relojes  es apuntarme a un curso y que sea en el monitor sobre quien recaiga la responsabilidad de cumplir los objetivos anteriores.

Para los que nadamos poco y mal, pero corremos mucho (aunque sea mal) hay ciertas similitudes entre ambos deportes. Una de ellas es la falta de aire, una sensación que ya no recordaba desde mis primeros días (meses) como corredor/fumador. Si una correcta respiración es importante al correr, nadando es vital (literalmente). Y no solo la acción de inhalar, exhalar bajo el agua, junto a llevar un ritmo acorde a tu estado de forma, es fundamental para no sentir esa sensación de asfixia permanente.

El principal motivo para apuntarme a un curso de natación es sin duda alguna mejorar mi técnica o conseguir tenerla. Si al correr una correcta postura del cuerpo, el braceo  o como pisamos, es importante, nadando lo es todo. Nadar es un acto que requiere más esfuerzo cuanto peor sea tu técnica, o lo que es lo mismo, cuanto mejor sea mi técnica, menos me costará nadar. Y en esas estamos, intentando nadar de forma más eficiente. De momento el monitor cumple con una de las máximas para que salga bien: corregir pocos defectos de golpe y no hacer de mi un “Phelps” de la noche a la mañana. Algo que llevamos haciendo  mal desde hace muchos años no se puede cambiar de golpe. Prestar atención a nuestros pies, manos, cabeza, giro del cuerpo, respiración, …, al mismo tiempo es una tarea imposible.  Cada mejora hay que interiorizarla para que se convierta en un gesto natural antes de pasar a la siguiente.

El primer defecto que estoy intentando corregir es el exceso de brazadas. Cuando nado, parece que voy siempre acelerado de brazos. Tengo que aprender a nadar largo, utilizar menos brazadas para cubrir la misma distancia. Algo así como sentir que me deslizo sobre el agua y aprender a nadar lento. El curso dura hasta verano, así que intentaré escribir algún post más sobre el tema, aunque al ritmo que llevo de escritura, tampoco prometo nada.

Y en esas estamos, nadando, otra forma más de alejar mi asalto a la maratón un par de años más. O quizás una forma más de no acabar quemado por sólo correr y disfrutar de hasta el día que tocan series.

6 Comentarios

  1. Ahora que me iba a comprar un perro para seguirte en tus andanzas…vas y te tiras al agua…NO ES JUSTO! Fuera de broma, me siento muy muy identificado con tus palabras. Seguiremos atentos a ver sí nos enseñas algo…y no lo digo por el bañador turbo…

    • Al final todos nos parecemos, iba leyendo el post y pensaba: “parece que cuente mi vida” XD. Y además, ambos nos ha dado por el yoga. Sólo te queda la bici 😉

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